Presente y Pasado. Argentina, un país en declinación

 

                                                                       Publicado en Diario Alfil: 01 de Junio 2026


Muchos lectores de esta saga que he denominado “Presente y Pasado” se habrán preguntado por qué culmina con el tema “Raíces de nuestra cultura”. Esto es: porque coincidiendo con José Luis Romero, atento, lo que he ido desarrollando en el análisis de diferentes gobiernos y etapas históricas, las crisis de Argentina, no solo tiene componentes institucionales y económicos, sino otros de orden cultural, insertos dentro de una crisis de hegemonía que deriva en su declinación. 

Chantal Mouffe, reconocida por su compromiso con la democratización radical y la construcción de sociedades igualitarias, afirma que ningún Estado ni sociedad organizada puede existir sin acuerdos básicos compartidos que aseguren la convivencia democrática (En torno a lo político, 2007).

“El conflicto para ser aceptado como legítimo, debe adoptar una forma que no destruya la asociación política. Esto significa que debe existir algún tipo de vínculo común entre las partes en conflicto, de manera que no traten a sus oponentes como enemigos a ser erradicado. (..)”

Si comprendemos con sinceridad la historia social y económica de Argentina, queda en claro que esa exigencia que plantea Mouffe, no ha existido ni existe aún hoy en pleno siglo XXI. Por eso hablo de una guerra civil encubierta, que nunca se declara formalmente, que se expresa en la degradación de las condiciones sociales y la declinación del país desde hace décadas.

Puede un Estado democrático, cumplir su misión, si el estancamiento económico no deja de perseverar. Es obvio, que no.

La dirigencia política, se ha negado a comprender los requisitos esenciales de la vida democrática, hoy además sujeta a desarrollos tecnológicos que pueden conspirar contra ella, y si lo comprende, no le importa sacrificar el presente y el futuro en aras de determinados intereses e ideología subyacente.

No niego la inteligencia de los actores. Señalo que, al calor de antagonismos sin reglas y sin reconocimiento del otro, la dirigencia ha perdido de vista que una realidad social compleja exige necesariamente acordar el significado de la vida democrática para consolidar el Estado.

Argentina resiste a los totalitarismos como rasgo de su entramado social, y por su experiencia de brutales dictaduras. Pero ese totalitarismo, no siempre es visible, por lo que es fundamental contar o generar élites que funciones como referentes creíbles dentro de la sociedad para defender la vida democrática y la dignidad de las personas. Es obvio que el vacío político, conduce o conducirá a una mayor desesperanza del conjunto social sobre su futuro. Son las situaciones que derivan al todo vale.

A esa erosión política se suma la degradación de la cultura. Entiendo cultura como la riqueza conceptual para interpretar el mundo en el que se inserta un Estado con las características del nuestro. Esa pérdida es acompañada y generada por el deterioro del sistema educativo. La universidad abandona su rol fundamental: educar en pensamiento crítico y en los valores que hacen a la vida democrática.

Una universidad que solo instruye puede formar técnicos y científicos brillantes, pero no educa. De allí la diferencia entre educar e instruir y su impacto en la carencia de Hombres de Estado. Esta preocupación no es nueva. China, mantiene un sistema de méritos fundado en el conocimiento y la experiencia en la conformación de los cuadros del partido comunista. En los EEUU, hasta el advenimiento del presidente Trump, sus universidades más prestigiosas son fuente de reclutamiento de diversos gobiernos.

El filósofo del derecho Carlos Nino (1992) describe el resultado de nuestro específico proceso histórico en “Un país al margen de la ley”: la sociedad argentina tiene baja propensión a cumplir la ley, tanto en las élites como en la base social. Para Nino, la ilegalidad se vuelve hábito cultural y genera un círculo vicioso de instituciones débiles y desconfianza en el sistema. Aclara que no es un fenómeno exclusivo de las dictaduras militares. Trasciende a las mismas desde la génesis del Estado moderno. Coincido con Nino. Esta característica revela un problema político y social profundo que impide el desarrollo. Por eso vale observar, dada su preeminencia mundial, la búsqueda del gobierno chino por sostener conductas morales apropiadas en los cuadros del Partido.

“Presente y Pasado”, toma nota de las omisiones democráticas en la conformación del Estado moderno, del significado de la década larga de los años 30, de las luces y sombras del gobierno popular de Perón, de la guerra civil encubierta que va de 1955 a 1983, y de la deriva posterior. Pasamos de una Argentina con pleno empleo a principios de los sesenta y un nivel industrial similar al de Brasil, a una realidad decadente. Esa realidad se refleja hoy, en la figura política del outsider.

“Argentina necesita que esa parte de la sociedad, que responde al talento, la creatividad y el trabajo, tome conciencia de las debilidades sociopolíticas, para iniciar un camino de transformación!”


Eduardo Dalmasso. Dr. en Ciencia Política (UNC - CEA)


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