Presente y Pasado | Notas sobre el significado de “Hombres de Estado” (5)
Publicado en Diario Alfil: 11 de Marzo 2026
La década infame
La década “larga” del treinta refleja el quiebre de las expectativas democráticas de principios de siglo: el sistema representativo se convierte progresivamente en una ficción administrada por élites políticas y económicas, mientras amplios sectores sociales permanecen al margen de la vida pública.
En 1943 se produce un golpe de estado conducido por el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) con el objetivo de poner fin a los gobiernos fraudulentos y corruptos.
Perón
Dentro del GOU, el coronel Perón percibe que las tensiones acumuladas en la sociedad argentina no pueden resolverse únicamente mediante el control político o la disciplina institucional: requieren la integración activa de los sectores populares al sistema.
Desde posiciones estratégicas en el gobierno militar, impulsa una política de reconocimiento de los derechos laborales dentro de una concepción nacionalista del Estado. Esa iniciativa le otorga rápidamente prestigio entre los trabajadores y, al mismo tiempo, despierta resistencias en sectores liberales y conservadores, quienes lo deponen y arrestan.
Las resistencias ceden ante las masas que se movilizan el 17 de octubre de 1945 para interceder por su libertad. Perón consolida un liderazgo sin precedentes en la política argentina: por primera vez los trabajadores se convierten en sujeto central de la vida pública (Dalmasso, 2025).
Durante sus primeros gobiernos impulsa una profunda transformación social. Los derechos laborales adquieren jerarquía constitucional en 1949 y el Estado asume un papel rector en la economía. Para Ernesto Laclau, este proceso configura una identidad popular que redefine la frontera política. Más allá de esa interpretación teórica, el dato histórico central es que amplios sectores sociales acceden por primera vez a una ciudadanía material efectiva. En palabras de Tulio Halperín Donghi, el peronismo representa una democratización social que desborda el marco liberal clásico.
Sobre esa base, Perón construye una nueva estructura de poder que articula sindicatos, sectores industriales y fracciones del propio aparato militar. En ese proceso redefine la relación entre Estado y sociedad, incorporando políticamente a sectores hasta entonces marginados y otorgando al Estado un papel central en la organización de la vida económica y social. En su momento de mayor consolidación logra integrar esas fuerzas dentro de un movimiento político cohesionado, reforzado por la figura carismática de Eva Perón (Galasso, 2005).
Su visión internacional enriquece esa concepción política. A través de la “tercera posición” busca preservar márgenes de autonomía frente a los bloques liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, intentando situar a la Argentina en un espacio propio dentro de la Guerra Fría (Caucino, 2021).
Sin embargo
El profesor de historia militar y experimentado oficial de inteligencia, que es capaz de desarrollar una doctrina de carácter comunitario, y que lidera una reversión de la política económica enfrentando la resistencia de sus aliados sindicales, comienza progresivamente a perder sensibilidad frente a los límites institucionales de su propio poder.
La concentración política, la marginación de la oposición y la presión sobre la prensa crítica erosionan los equilibrios republicanos, debilitando la cohesión de su propio frente político.
En numerosas pequeñas y medianas empresas el sindicalismo despliega prácticas abusivas que alimentan el resentimiento de sectores medios propietarios, a pesar del beneficio que les produce la expansión del mercado interno. A ello se suma la continuidad de la ley de alquileres, que al congelar valores, termina por licuar los ahorros de miles de familias.
Estas experiencias alimentan un sentimiento de agravio que contribuye a consolidar el anti peronismo social. Como explica Ezequiel Adamovsky, (2012) amplios sectores medios comienzan a percibir al peronismo como una amenaza directa a su seguridad económica y a su identidad social.
En ese clima de polarización creciente, el conflicto con la Iglesia Católica actúa como catalizador de una oposición cada vez más amplia. La tensión política se traslada también al interior de las Fuerzas Armadas y sectores del catolicismo: su base de ascenso al poder.
La paradoja emerge con claridad: Perón se revela como un estadista capaz de integrar socialmente a los sectores populares y de afirmar la autonomía del país, pero al mismo tiempo descuida principios republicanos indispensables para preservar la convivencia política. En ciertos aspectos, reproduce rasgos de la cultura política que caracteriza a la Argentina de los años treinta.
El Ejército se divide y la amenaza de una guerra civil le exige un gesto de grandeza. Perón lo tiene. “Las minorías derrotadas reaparecen.
Los gobiernos que le siguen no logran integrar al peronismo dentro de un proyecto nacional superador y esto conduce a la anomia política y social. Perón queda así inscripto en la historia argentina con la ambivalencia propia de los grandes estadistas: el dirigente que otorga dignidad a las mayorías y al propio Estado en la realidad internacional, produce también una fractura política que el país no logrará resolver, salvo por el agotamiento de la concepción justicialista.
Eduardo Dalmasso. Dr. en Ciencia Política (UNC-CEA)
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