Presente y Pasado: Raíces de nuestra cultura política (lV)
Publicado en Diario Alfil: 27 de Mayo 2026
El modelo agroexportador en el transcurso de la primera guerra, muestra serias debilidades: al cortarse el comercio con Europa, Argentina deja de recibir manufacturas y bienes de capital. Los capitales británicos, motor del crecimiento previo, se retiran para financiar la guerra. El flujo de inversiones se detiene drásticamente. Como resultado escasez, inflación y conflictividad social creciente.
En el 29. la gran depresión: Impacta en la línea de flotación: Argentina, bajo el modelo agroexportador, sufre la crisis, sin adecuadas estructuras financieras, (problema histórico) para amortiguar el impacto de la caída de la demanda. (Della Paolera-Taylor 2003). Caen los precios de las exportaciones, cierran empresas y bancos, se dispara la desocupación y la miseria. A esta situación, se le suma La campaña de desprestigio y la "senilidad" que le atribuyen “al viejo líder”. La emergencia requiere de respuestas que Irigoyen no está en condiciones de dar.
La revolución del 30
El golpe del general Uriburu, depone a un gobierno que pierde el apoyo popular como consecuencia de la pérdida de recursos del Estado y por su propia crisis política. Un golpe anticonstitucional que avala de forma cómplice “La Suprema Corte de Justicia.” A Uriburu, le sucede el Gral Justo, a este le sucede Roberto Ortiz y por su fallecimiento el conservador Del Castillo.
Significado
La crisis de 1930 no fue solo económica; fue el momento en que gran parte de la sociedad argentina, al ver derrumbado el puente mesiánico de Yrigoyen y la fragilidad de las instituciones que Alvear defendía, deposita una confianza tácita en las Fuerzas Armadas como el único actor capaz de arbitrar el destino nacional. Esta 'militarización de la esperanza' marca el inicio de un ciclo de inestabilidad que duraría décadas, confirmando la tesis de Halperín Donghi sobre el fin de la república liberal." (2000).
Intérpretes
José Luis Romero (1975) señala que la democracia perdió legitimidad como sistema estable, quedando asociada a crisis y rupturas.
Natalio Botana (1997) subraya que el golpe fue la expresión de la fractura interna del radicalismo (personalismo vs. antipersonalismo) y del debilitamiento institucional. La restauración conservadora debilita la confianza en las reglas democráticas,
Waldo Ansaldi (2007) enfatiza que el fracaso radical en construir un discurso hegemónico inclusivo abre el camino al golpe. El golpe consolida la idea de que la democracia es frágil y reversible, debilitando su valor como proyecto de largo plazo.
Lucio Felix Weil (2011) vincula la crisis con la estructura económica dependiente, donde el agroexportador seguía dominando frente a intentos de industrialización. Pone énfasis en el rechazo de la Oligarquía y de la oposición al plan industrial de Pinedo que orienta una mirada diferente ante el nuevo cuadro de poder internacional que avizora.
De estas diversas fuentes y marcos ideológicos, podemos comprender a la década infame como un período de crisis política, autoritarismo y desigualdad estructural que sienta las bases para transformaciones posteriores en la historia argentina. Importante señalar que para las élites el fraude no solo significa una trampa electoral sino la decisión de excluir las mayorías.
Consecuencias
A los gobiernos de la llamada década infame les sucede un golpe militar que interpreta que las masas, carentes de identidad nacional, podrían convertirse en caldo de cultivo para la anarquía y las ideas revolucionarias. Sus discursos se vinculan con los de la Iglesia Católica. No es un movimiento homogéneo, pero el Grupo de Organización Militar (GOU) es el que predomina. De ese golpe de Estado emerge Juan Domingo Perón, quien intenta desarrollar un discurso integrador, asentado en un proyecto político que busca otorgar una identidad nacional unificadora a la clase trabajadora y a los sectores medios, coparticipando los frutos del modelo económico que impulsa.
Las dos etapas de su gobierno presentan principios transformadores distintos, enmarcados dentro de un proceso de aprendizaje que lo conduce hacia una visión desarrollista del proceso económico. Sin embargo, su conducción personalista, ajena a los requisitos institucionales de la república, genera situaciones de poder propias de la etapa que se intentaba dejar atrás. Estas debilidades terminan por aglutinar a la oposición que, por paradojas de la historia, se asocia con la Iglesia Católica —institución fundante de su ideología— para impulsar una revolución de carácter antipopular.
Después, durante décadas, se produce una pérdida de institucionalidad a causa de los sucesivos golpes de Estado, lo que, en mi concepto, constituye una guerra civil encubierta, en la cual el proyecto industrial va perdiendo posiciones: primero frente a la economía financiera impulsada por Martínez de Hoz; segundo, por la consolidación de la destrucción del tejido industrial durante el gobierno de Carlos Menem; y tercero, por la falta de comprensión de una dirigencia que, ajena a los proyectos destructivos mencionados, no advierte que el modelo —llevado a su máxima expresión con el ministro Krieger Vasena— resulta imposible de rehabilitar mediante las mismas políticas e instrumentos que le dieron origen.
Eduardo Dalmasso. Dr. en Ciencia Política. (CEA - UNC)
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